(Per)Versiones: Cuentos Populares -
Recuperamos el primer volumen de (Per)Versiones, esta vez en formato ebook para Kindle. Lo podéis encontrar desde hoy en Amazon. Y como no nos dejan venderlo gratis hemos añadido unos cuantos extras a los 26 cuentos que ya retorcimos en su día para que ese eurillo que os gastéis tenga recompensa.
Si os gustan los cuentos de toda la vida con una vuelta de tuerca no podéis dejar de echarle un ojo.
Recorro tu piel,
cada uno de sus defectos,
como si fuera un mapa de los años
antes de conocernos,
una cartografía de tu soledad
que muestra un mundo que únicamente habla
la lengua de tu silencio.
Un idioma que desconozco,
en el que me pierdo.
Pero perderse en tu piel,
en tu silencio,
no es problema
si puedo corresponder el mapa de tu cuerpo
con mi cuerpo.
Autorretratos
Últimamente tengo esto un poco abandonado, escribo poco y aún menos la clase de cosas cortas e improvisadas que solía publicar aquí. Mientras vuelve la inspiración podéis echarle un vistazo a mi otra cuenta, en la que subo fotos exclusivamente.
Construyó un palacio, no un castillo de arena, un palacio con las piedras y las conchas que recogió a lo largo de la playa. Lo levantó paciente, como un portento multicolor, allí donde rompían las olas, para dejarlo después brillando con la luz anaranjada del atardecer.
Las estrellas de mar se alzaron sobre sus torres como guardias y vigías, retorciéndose tras sus almenas de nácar. La espuma lo invadió con cada batida, dibujando tapices y blasones en cada uno de sus patios y pasillos. Y en la última hora, cuando la luna casi podía besar al mar, un enorme cangrejo ermitaño se coló entre sus portones, con su paso ladeado, avanzando despacio hasta la sala del trono. Y mirando a uno y otro lado, viendo aquel minúsculo ejército invertebrado que había reunido para él el mar, se proclamó Rey de las Mareas.
Echo de menos tu voz.
Y tu silencio. Eras capaz de decir tantas cosas estando callada. Recuerdo cuando se te fue ahogando la voz con el peso de los años, que se te enredaron en la garganta hasta cerrarla para siempre.
Ahora tus silencios son incluso más profundos. Pero ya casi no puedo oírlos. Se fueron apagando con tu voz. Y ahora, ahora que estás allí ya casi no puedo oírlos. Los tapa el ruido de esta ausencia. De esta apática libertad.
Pero aún me hablas. A veces, mientras duermo. Y es tu voz la que ahora me inquieta. Más, mucho más de lo que lo hacían tus silencios, tan pesados, tan perturbadores. Tan cargados de sentimiento.
Pero es que ahora no podría esperar que siguieses hablando. No con tu garganta hundida, cerrada entre alambres de espino. No desde donde estás.
Aún así te oigo susurrando algunas noche. Y noto lo que eran tus manos frías enredándose en mi cuello, tratando de apretar más y más. Pero sigo aquí al despertar.
Echo de menos tu voz. La voz que tenías antes, no este suspiro extraño en el que se ha convertido, con ese silencio extraño y perturbador, distinto a aquella amenaza permanente que no necesitaba palabras. Echo de menos tu voz, la que me humillaba, la que me despreciaba una y otra vez. Echo de menos como se hundía en mis oídos, como se clavaba en mi cabeza.
Echo de menos tu voz. Echo de menos como se fue apagando entre mis manos. Como se fue ahogando entre sangre y alambre de espino. Echo de menos aquel primer silencio, aquel que fue distinto a cualquier otro.
Echo de menos cuando callaste por primera vez, cuando callaste de verdad, y pareció para siempre.
Araña diminuta
de hilo de plata
que tejes tus redes
entre viejas lapídas.
A la luz de la Luna
cazas fantasmas
tensas tus redes
y acechas impávida.
Araña diminuta
de larguísimas patas
corres inquieta
sobre damas lánguidas
ya sólo huesos
y restos de almas
que cazas intrépida
entre tus viejas lápidas.
…se llevó todos sus pequeños secretos. Aquellos que no le importaban a nadie, pero que creía que debía de guardar. Los llevó como una pequeña carga, como un minúsculo recuerdo de su vida, allí donde moran los fantasmas.
Estaba su primer beso, escondido en aquel rincón, ese beso tímido en aquellos labios demasiado húmedos. Y los libros que leía en la bibloteca cuando creía que nadie le estaba mirando. Estaban las tardes de domingo en las que se escapaba de casa de su abuela, y los días de verano en los que aún pensaba que era capaz de cambiar el mundo. Todos ellos con sus minúsculos secretos, ardiendo, como brasas, como recuerdos demasiado recientes. Ardiendo, tan cálidos, tan ligeros como la vida. Y a la vez, tan fuertes, tan pesados, como anclas que no le dejaban marchar.
Cuando murió se llevó todos los pequeños secretos que no le importaban a nadie, pero que habían cambiado tantas vidas, que habían cambiado su vida. Y eso fue suficiente para que valiese la pena llevárselos consigo.
(Per)Versiones: Historia es el segundo libro de la serie de antologías creadas por una pequeña comunidad de escritores dentro de los foros de Sedice. En este caso el tema central de la antología es la historia del mundo. Cada autor ha escogido un hecho o momento histórico y lo ha revisitado a placer, creando ucronías o reinterpretaciones a placer.
Desde hoy está a la venta. Se puede adquirir a través de Cyberdark, como en publicación por demanda en Bubok y Lulu. Además las versiones en ePUB y PDF son totalmente gratuitas. Y para los que prefieran no comprar por internet, también está disponible en algunas librerías.
Más información sobre el proyecto en nuestro blog de (Per)Versiones.
Hay un convenio no escrito entre tú y el lector. Si alguien entra en una librería y se gasta un dinero (energía) duramente ganado en tu libro, le debes a esa persona un cierto entretenimiento, tanto como puedas proporcionarle.
Ésa siempre ha sido mi intención a lo largo de toda mi vida.
— Frank Herbert
Durante más de año y medio he publicado microrrelatos en la cuenta de twitter @cuentosminimos. Ahora recopilo 1001 de esos microrrelatos en este volumen disponible tanto en papel como en PDF (gratuito éste último).
Esta edición no tiene pretensiones comerciales, sino más bien conceder la satisfacción a aquellos que quieran tener esos microcuentos en una bonita edición en papel, y les apetezca de paso ceder una mínima parte de sus ingresos a este pretendiente a escritor.