
Querida Elisa,
Mi avión a 1943 está a punto de despegar. Casi no puedo contener la emoción de verme de nuevo y hablar con el resto de los niños de nuestro pueblo. Me gustaría poder darme unos cuantos consejos, no sólo sobre lo que hice mal, y los problemas que tuvimos. Me gustaría poder ayudarme con algunas buenas inversiones para que no hubiese ido mejor, pero ya sabes cuanto controla ya el Gobierno esa clase de cosas. Si no fuera por la presión de las cronolíneas creo que hace mucho que nos habrían arrebatado un derecho tan básico como viajar a cuando queramos. Pero supongo que desde que ganamos Trafalgar y todo se puso patas arriba por última vez no se podía esperar nada más.
El señor del asiento de al lado me pregunta que si sé porqué estamos tardando en despegar. Parece que otro de esos cronoterroristas ha tratado de de salvar a no sé cuál presidente de nuevo. Si la línea temporal sigue así de inestable al final tendremos que dejar de viajar por completo. Aún me acuerdo de esa familia del último Sextilis que había decidido quedarse a vivir en pleno siglo cuarto. ¿En qué puñetas estarían pensando? La mitad de las fronteras de Europa habían dejado de tener sentido por su culpa. ¿En qué clase de mundo vivimos para que haya gente como ésa?
Parece que el avión ya está despegando. Trataré de traerte algo cariño. Ya sé que supuestamente sólo podemos echar fotos, pero trataré traerte algo de verdad. Recuerdo que la viuda del Viejo Zarajo hacía unos encajes preciosos, seguro que serías la envidia de todas tus amigas con uno auténtico.
Un beso cariño,
espero que todo siga donde estaba cuando vuelva.