Apuntes de un Cuentista Mínimo
Los Zapatos Negros

Se puso los zapatos negros, empujándolos con cuidado para que entrasen en sus pies minúsculos. Siempre estaban brillantes, como nuevos. Mamá los limpiaba con cuidado antes de cada ocasión especial. Se levantó. Aún sonaban a cada paso como si los estuviese estrenando. Hoy sonaban más que nunca en medio de todo ese silencio.
Bajó por las escaleras con cuidado, agarrándose a la barandilla y marcando cada paso con ese taconeo cuidadoso de los niños. Mamá estaba fuera. Con su vestido negro. Si no hubiese estado llorando tanto habría estado guapísima. Había más gente. Todos vestidos de negro. Todos en silencio.
- ¿Cómo estás campeón?
Papá estaba sentado en las escaleras. Se le iluminó la cara y se lanzó a abrazarle.
- Mamá dijo…
- Shhh… Eso ahora da igual.
- Pero ella decía que no volveríamos a verte.
Papá suspiró. Como cuando pensaba si castigarle o no cuando hacía algo malo.
- Eso es porque no lo haréis.
- ¿Vas a irte?
- Sí.
- ¿Por qué?
Papá se encongió de hombros.
- Tengo que hacerlo.
Entonces le puso esa mano enorme en la mejilla y le acarició mientras le hacía cosquillas.
- No quiero, pero tengo que hacerlo.
- ¿Al menos vendrás hoy?
Le miró a los ojos y sonrió.
- Sí, no me lo perdería por nada.
Se cogieron de la mano y salieron de allí. Y aunque nadie pudiera verle, papá se sintió en ese momento más satisfecho que en toda su vida.