Apuntes de un Cuentista Mínimo
Penélope

Sus dedos se deslizan por cada uno de los hilos, con una suavidad delicada, comedida. Enredando las hebras, cerrando cada nudo con una agilidad asombrosa.

Sobre el tapiz se dibujan cíclopes y mares embravecidos, brujas, y cientos de hermosas y terribles sirenas.

Sus amantes no dejan de observarla mientras los hilos bailan entre sus manos dibujando nuevas desventuras, nuevas tragedias. Saben que por cada nudo que hace deshace otro, y creen que de esa manera trata de evitarles. Pero ellos insisten, convencidos de que al fin cederá.

Pero Penélope, la hermosa y resentida Penélope, hace y deshace los nudos de su tapiz interminable sin olvidar jamás a su esposo Ulises. Y con cada nudo, en cada hebra, condensa su magia una y otra vez, asegurándose de tejer e hilar nuevas calamidades. Ulises, el bienamado y odiado Ulises, pagará. Pagará todos esos años de ausencia, todos y cada uno de esos años de soledad. Pagará su inmensa y gloriosa iliada con una interminable odisea que ella nunca terminará de hilar.